miércoles, 4 de abril de 2012

Espérame que yo te estaré esperando.


Necesitaba llegar a mi casa y apagar la luz y encerrarme en mi cuarto para poder encender mi alma y abrirla y llorar solo porque hoy tampoco hay hombro en el que apoyar mis lágrimas mientras me susurren al oído el año que viene el año que viene. He soñado mucho con que llegara el día de hoy tanto que ni si quiera soñé que lo soñaba. Posiblemente lo soñaba cuando aún era un niño y paseaba por el pasillo de casa de mi abuelo cojines, sillas y hasta una virgen del Roció desconchadas por el paso de los años.  Quizás también lo soñaba cuando un día en la cama de mi tío vi un costal planchado y sentía como el corazón se me aceleraba, o quizás empecé a soñarte cuando viendo un paso cualquiera veía a unos pies moverse mientras mi madre me decía pero mira arriba y yo miraba esos pies. Estos días recordé tantos martes santos que te vi que ya ni siquiera recordaba y me hiciste ilusionarme de nuevo una ilusión que ya creía perdida una ilusión que ya no recordaba. Quizás por eso estoy llorando ahora porque esa ilusión ha vuelto, porque como dijo Barbeito que hay más grande que una víspera. Y aquí estoy yo de nuevo en víspera con un año por delante porque este no es el martes que yo soñaba, aunque supongo que tú tampoco esperabas el día de hoy.  Y aquí estoy en esta noche de miércoles santos en vísperas del próximo martes cuando la luna se asome a la gavidia y allí este aquel niño que un día soñaba con ser costalero, con mi costal blanco como una ilusión. Allí estaré yo y me acordare de mi amigo Rafa, de mis abuelos, de mi amiga Sonia de mi Evita, del padre de Pedro, de Desi (Dios mio que de gente me falta.) que ahora mismo está más cerca de ti que  de mí. Te imagino en otro martes diferente a este y a pesar de las lágrimas, la sangre me hierve y una sonrisa se dibuja en mi cara mientras te imagino que te acercas delante de cientos de nazarenos blancos que pasan  por delante de mí, uno por cada día que me queda. Al fin y al cabo te esperado sin saberlo veinte nueve años de mi vida te puedo esperar otro año más. Solo te pido que me esperes que yo te estaré esperando

1 comentario:

  1. Qué bonito es mirar la cara de un Cristo y volver a sentir cerca a los que te enseñaron a quererlo y se fueron cerca suya...

    Acuérdate de este granaíno el día de la igualá, por si surcamos Sevilla un Martes Santo lo mismo que surcamos Granada el Viernes pasado.

    Un abrazo José, duro la gente del Señor!!

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