Se lo cuenta a tus amigos y te hacen sentir un estúpido con eso de que pases que no te comas la cabeza, y tú en cambio ni eres capaz de pasar ni mucho menos de no comerte la cabeza.
Estas todo el puto día mirando el móvil, esperando una llamada perdida o un mensaje de ella. Pero pasan las horas mientras apagas y enciendes el móvil mil veces mientras lo pones en silencio o boca abajo o dentro del cajon. Y cada segundo que pasa te vuelves más loco que el anterior en esta espera sin esperanza.
Cuando suena el móvil o te llega un mensaje cierra los ojos y les rezas a todos los santos y a todos los dioses que se te ocurren que sea ella. Pero no es ella es Movistar diciéndote que te cambies de móvil o es algún amigo que te dice que si quieres ir a jugar a futbol. Entonces te entran ganas de reventar el móvil con el suelo.
Sales a despejarte y sin rumbo vas por tu barrio del Realejo a la deriva hasta llegar a Reyes Católicos y sigues mirando el móvil sin parar. Llegas a tu casa sin ganas de nada preguntándote que ella como puede estar así pasando de todo sin importarle lo mas mínimo. Entonces la llamas y no te coge el móvil. Y así pasa un día más de este puto verano con la terrible espera de esperar sin esperanza. Con el miedo a empezar de cero en septiembre.