domingo, 8 de julio de 2012

Verano de 1995


Recuerdo aquella noche en el  puerto marítimo de aquel pueblo costero, de nuestra última noche de aquel verano. Fue el mejor verano de mi vida por la mañana piscina o playa, por la tarde bicicleta y después de cenar quedábamos tu y yo a mirar el mar y hablar, pequeños placeres cuando uno tiene doce años. ¿Verdad? Pero esa noche era la mía y la de Marta, la de dos amigos de doce años que por una extraña razón habían conectado como si se conocieran toda la vida y esa conexión es capaz de iluminar una ciudad entera. La pandilla se metía con nosotros y nos decían que éramos novios…… y nos enfadábamos, sabes si ahora volviera a esa situación diría un OJALA. Pero bueno volvamos a aquella noche rara, donde no paraban de pasar gatos, donde los barcos se mecían al son de la marea y los barcos pesqueros se veían pescar al fondo en el mar. Nos prometimos que volveríamos a ver el siguiente verano y que nunca pero nunca nos íbamos a olvidar uno del otro y que siempre pero siempre siempre hasta cuando llegara el año 2000 seguiríamos siendo amigos aunque tuviéramos novio y novia y tuviéramos niños y con 18 años nos fuéramos de  casa. Paso un año y de nuevo vino un verano más, pero el destino no me llevo al pueblo aquel, y no volví a ver a Marta en mi vida.  Donde quieras que estés quiero que sepas que aquel niño de 12 años con 17 años más no se ha olvidado de ti. Y que algún día volverá aquel puerto a sentarte bajo la misma luna mientras ve los barcos pescar con la esperanza de un niño, de que tú me esperes allí sentada después de comer. 

2 comentarios:

  1. Qué historia tan preciosa. Me ha puesto la piel de gallina.

    PD: Como ya dije, cada vez que escribas una entrada me tendrás por aquí como un clavo! Ñé!

    Alma. :)

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  2. Uff que precioso .. Por un momentito me has llevado a aquella playa..

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