miércoles, 12 de enero de 2011

03:27 AM


A esa hora se podía haber parado el mundo. A esa hora exacta de aquella madrugada de principios de verano, cuando por primera vez te bese . Te pregunte si esto era un sueño o era de verdad y esta vez no sonaría el despertador y despertaría en mi cama y lejos de ti. Desde esa noche muchas madrugadas me despierto y miro el reloj de la mesita de noche y marca las tres y veintisiete. Y entonces vuelvo a cerrar los ojos y los vuelvo abrir lentamente rezándole a dios con la tonta esperanza de que sean las tres y veintisiete de aquella madrugada, que no este en mi cuarto que este en mi coche, y que cuando los abra simplemente estés la que en aquel entonces era la niña mas bonita de todo el puto pueblo de Dos Hermanas con sus ojos verdes y sus labios con sabor a chicle de fruta.

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