sábado, 23 de abril de 2011

Adiós viejo amigo




Aún recuerdo mi primer día allí en el Valle hace siete años. La verdad que no las tenía todas conmigo porque yo quería sacar la Merced de Pasión en vez del Cruz al Hombro. Cuando fuí no estaba seguro de aquello pero hoy puedo decir sin duda que fue una gran decisión la de quedarme allí.
Pasaron siete años de ensayos por el centro y en Triana, siete jueves santos en el que sólo llovió el primero. En estos siete años conocí a muchos compañeros y a algunos de los mejores amigos que tengo en los pasos. Y lo más importante: como costalero en este paso fué donde me encajaron los dientes como costalero, donde aprendí que ser costalero era algo más que ponerse un costal.
En la ultima trabajadera he sido corriente y fijador para acabar en el zanco izquierdo. Han habido años malos, años buenos, años inolvidables y años que mejor no recordar. He reído, he sentido muchas cosas, me he sentido costalero, me he sentido querido y odiado, admirado y envidiado, he sentido como la gente confiaba en mi.
Y no creas amigo que es fácil decir adiós, cerrar esta puerta en el alma y no mirar atrás y pensar que eso nunca pasó.
Porque debajo de tu paso me dí cuenta que tenia un hermano que se llamaba José, que era de Cádiz, y que como una pieza en un rompecabezas encaja a la perfección. A mi Juanlu y a mi Varguis porque nunca tuvo mejor trasera el cruz al hombro que cuando ustedes íbais debajo y los tres éramos uno. ¿Y sabéis que os digo? Que el que diga lo contrario miente o no quiere ver la realidad. A Luque y los hermanos Galván porque ellos son los mejores costaleros que tenía y tienen ese paso. A Piloto y Diego porque creen en mi, y me demostraron muchas veces que son mis amigos. A Curro porque el me volvió a abrir las puertas de Granada un Miércoles Santo. A Angelito y mis preguntas de trabajo, a Pedro porque tuvo la idea de llevarme hasta allí, a Miguel Macías porque ha sido el mejor capataz que ha tenido ese paso desde que yo estaba allí, a Alfredito que se me fue al cielo sin decirme lo que tenia que decirme. A César y a Paquito porque demostraron que para ser contraguia hay que tener mucho arte. A Alejandro y nuestra super levantá de escalón. A los dos Emilios, a Simon y Casado. A Bonilla (ahora que tenia yo alguien que podía hablar con él de carnaval y no me puedo quedar). A Villalón porque gracias a él me superaba en cada ensayo, en cada levantá, en cada revirá. Y a alguno que otro que quizás me olvide en estos momentos de nombrar.
Cuando esta carta de despedida llega ya a la calle Cuna y esta punto de acabar, sólo quiero daros las gracias a todos los que me habéis sacado una sonrisa, los que me echáis de menos y los que creían en mí. Pero sobre todo a los que no me echaran de menos, a los que me sacaban de mis casillas y nunca confiaron en mí porque gracias a ellos me supere una y otra vez y sin ellos nunca hubiera superado.
Hasta Siempre y muchas gracias a todos con los que alguna vez compartí algún Jueves Santo o algún ensayo.

1 comentario:

  1. Grandes costaleros han sudado la tersa madera de las trabajadoras del cruz al hombro, poco mas puedo añadir a tu carta, honestas, sincera, directa y a mi modo de entender llena de humildad y de amor. La humildad de un gran tipo y el amor de aquel que es capaz de admirar a los demás antes que asimismo.
    Este año no hemos salido, pero como tu bien sabes el valle seguirá cada jueves santo, a pesar de que faltan grandes personas y grandes amigos, Dejame que te haga llegar un gran abrazo y sabes de sobra que de ese bendito paso te llevas buenos amigos y grandes recuerdos.
    Tu has aportado mucho en hacer grande esa cuadrilla y en dignificar a tus compañeros y haya donde quiera que vayas cada jueves santo estaremos juntos. Un abrazo de corazón, tu compañero y amigo. Emilio simon

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