miércoles, 4 de enero de 2012

Cuelga


Estabas intentando arreglar algo que ya no tiene arreglo como que un día de lluvia sea de sol, por mucho que te empeñes y por mucho que quieras y por mucho que  lo desees es imposible, que el cielo sea de colores. Pero a veces nos empeñamos en cosas imposibles porque creemos que con desearlo mucho se convertirán en realidad. Y en eso estabas tú intentando arreglarlo, con el por teléfono, si es que tu tenía que arreglar algo. Pidiendo perdón por cosas que tu no habías echo callándote otras tantas para que esta guerra civil acabara. Tu bandera blanca de la paz la pisaba una y cien veces, mientras tú y no el solo tú escupías a tu dignidad. Por mucho que le quieras o lo quisieras él, no merece tanto dolor ni él ni tu corazón. Seguía la conversación con tus palabras y él como con una pelota de frontón te las devolvía secas y con desprecio. Y porque te vas con ella le preguntabas como si eso calmara tu dolor y él seguía haciéndote daño. En el final de la conversación te pide que le olvides que borres su teléfono que cuelgues y tú le preguntas que si está seguro que es lo que quiere. El te responde que si que si eres sorda, te quitas el teléfono de la oreja y te lo vuelves a pegar, temblando como cuando pequeña les tenías miedo a los nazarenos que veías por tu barrio. Y entonces empieza a insultarte y tú piensas te convences que él no es así que está equivocado que ya se le pasara. Y entonces te vuelve a pedir que le cuelgues en ese momento sin pensar le das al botón rojo y cuelgas y como anestesiado buscas por la R y le das a borrar y conforme te da un subido de golpe te da un bajón con tres tirabuzones. Y un inmenso dolor se apodera de ti, están grande el dolor que te cuesta respirar la vida se te derrumba con veinticinco años quieres morirte y lo deseas con la misma fuerzas con la que lo amas, pero como te dije al principio por mucho que desees el cielo mañana no será de colores. 

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